Lo difícil de encontrar a Dios
Intenté buscar la calma fresca que solía encontrar en
mi iglesia ortodoxa.
Me paran en la entrada y me indican la vestimenta. —No tengo falda —pienso—. Me miran con desaprobación. —No entres por este lado —me corrigen de nuevo—. —Coge dos velas. —Ve a besar los iconos: primero a la derecha, luego a la izquierda. —Cuidado: no cruces por delante del altar. —Santíguate más, al mismo ritmo que los demás. —Ve a entregar tu acatist al cura; dáselo con las velas y bésale la mano. —De nuevo, santíguate. —Hay que dejar comida para los muertos allí, en aquella mesa, pero después de que pase el cura. —Hay que rezar esta oración de rodillas; no está bien visto quedarse de pie mientras toda la iglesia está arrodillada.
Me confundo entre tantos ritos...
Me siento una mala cristiana. No me entero.
Me paran en la entrada y me indican la vestimenta. —No tengo falda —pienso—. Me miran con desaprobación. —No entres por este lado —me corrigen de nuevo—. —Coge dos velas. —Ve a besar los iconos: primero a la derecha, luego a la izquierda. —Cuidado: no cruces por delante del altar. —Santíguate más, al mismo ritmo que los demás. —Ve a entregar tu acatist al cura; dáselo con las velas y bésale la mano. —De nuevo, santíguate. —Hay que dejar comida para los muertos allí, en aquella mesa, pero después de que pase el cura. —Hay que rezar esta oración de rodillas; no está bien visto quedarse de pie mientras toda la iglesia está arrodillada.
Me confundo entre tantos ritos...
Me siento una mala cristiana. No me entero.
No encuentro a Dios y me voy.



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