El gimnasio
Yo soy más de zumba, de pilates, de yoga… o, en todo caso, de una clase grupal que se llame "body—algo"… Justo el mes pasado me quejé en mi gimnasio (que llevo seis años seguidos pagando ya)…, y me quejé de que habían llenado el gimnasio de máquinas nuevas (y misteriosas) y habían quitado las clases de zumba. "Es que las mujeres pagamos las mismas cuotas que los hombres", argumenté con elocuencia en recepción, "y por una clase que nos gustaba tanto y que siempre estaba llena, nos la quitáis". "Cuánto os habréis gastado en todas estas máquinas nuevas (y misteriosas)?" pensé y salió mi cabeza de controller, calculando inversión y retorno, comparado con el sueldo de un monitor de zumba. "Pon una reclamación", me dicen, impasible, en recepción, y allí se acabó mi sermón.
A todo esto, últimamente, y bajo las recomendaciones generalizadas de mi entorno, me he acercado a las máquinas y a esta zona del gimnasio que nunca antes había pisado. Voy con mi tabla de ejercicios, e intento seguirlos entre máquina y pesas. Me siento impostora. Tengo la sensación de que todos me miran y se dan cuenta de que lo hago mal.
Mientras estoy en una máquina, se acerca un "pro" con el torso esculpido… y me levanto como un arco para dejarle el sitio. "Necesitas la máquina?", le digo apresurada. "Sí, estaba yo aquí". Me cambio a otra, y de nuevo se acerca un chico. "¿Necesitas la máquina?", le digo también. "Termina tú", me dice, y yo acelero mis repeticiones; luego pongo la máquina con los pesos que me he encontrado y se la dejo perfecta.
Voy pisando, como pidiendo permiso, sintiendo que no tengo el expertise, ni el derecho de estar allí. Ocupo el menor espacio posible para no molestar. Parece que mi “trabajo” es insignificante: estoy jugando con mis pesas mientras ellos hacen lo serio, levantando cien kilos… al menos.
Por supuesto, todo esto ocurre en mi mente… Probablemente a nadie le importe lo que yo haga… Me río en mi cabeza y pido permiso para ocupar otra máquina…Con verguenza, inseguridad... pero me quedo. Al fin y al cabo, yo pago la misma cuota.
A todo esto, últimamente, y bajo las recomendaciones generalizadas de mi entorno, me he acercado a las máquinas y a esta zona del gimnasio que nunca antes había pisado. Voy con mi tabla de ejercicios, e intento seguirlos entre máquina y pesas. Me siento impostora. Tengo la sensación de que todos me miran y se dan cuenta de que lo hago mal.
Mientras estoy en una máquina, se acerca un "pro" con el torso esculpido… y me levanto como un arco para dejarle el sitio. "Necesitas la máquina?", le digo apresurada. "Sí, estaba yo aquí". Me cambio a otra, y de nuevo se acerca un chico. "¿Necesitas la máquina?", le digo también. "Termina tú", me dice, y yo acelero mis repeticiones; luego pongo la máquina con los pesos que me he encontrado y se la dejo perfecta.
Voy pisando, como pidiendo permiso, sintiendo que no tengo el expertise, ni el derecho de estar allí. Ocupo el menor espacio posible para no molestar. Parece que mi “trabajo” es insignificante: estoy jugando con mis pesas mientras ellos hacen lo serio, levantando cien kilos… al menos.
Por supuesto, todo esto ocurre en mi mente… Probablemente a nadie le importe lo que yo haga… Me río en mi cabeza y pido permiso para ocupar otra máquina…Con verguenza, inseguridad... pero me quedo. Al fin y al cabo, yo pago la misma cuota.
![]() |
| Vieux Lyons Marzo 2026 |



Comentarios
Publicar un comentario